6 feb 2010

Mito Relato 39.- Las alas perdidas


De niño soñó insistentemente con volar. Mejor sería decir que tenía sueños en los que volaba. Planeaba a una considerable altura extendiendo los brazos, pegando muy juntos los dedos gordos de los pies que eran el timón de cola. Allá abajo las personas no parecían reconocer el mérito o simplemente no se percataban del prodigio. Pero si eso ocurría con los de abajo, las aves que pasaban próximas a él no mostraban otra cosa que el recelo propio en animales, de natural desconfiados. No tenía que practicar. Cada noche irse a dormir para él significaba irse a volar. Pero no nos engañemos, necesitó una técnica.
Primero se acostumbró al sonido del viento, luego poco a poco, encontró natural atravesar las nubes y salir empapado, con el rostro lloroso por las microscópicas gotitas condensadas. Se percató que según la posición de la cabeza, giraba a un lado o a otro, arriba o abajo. Pensaba en perder altura y la perdía. Era una maravilla.
Ese fue el detalle fascinante de su infancia, nada excepcional por otra parte, pues es sabido que muchas personas recuerdan que de niños volaban. (C) M.Iglesias

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