| Amanecer. Lápiz y bolígrafo sobre papel. (C) M. Iglesias. |
Es un privilegio valiosísimo conocer lugares secretos. Existen personas que saben donde se fabrican las nubes, el lugar exacto donde nace un gran río o donde se originan los vientos de marzo. Esas personas tienen la obligación de llevan estos asuntos muy en secreto. Es el fundamento de la magia. Desvelar estos conocimientos, y ellos lo saben, les acarrea consecuencias. Quizá la más grave sea la pérdida de ese privilegio. Los desposeídos del privilegio, pasado un tiempo, y resabiados como ángeles caídos, cargan sobre todos estos asuntos tachándolos de estupideces y mandangas inútiles. Nunca vuelven a tener la sensación de haber gozado del secreto mágico. En la profundidad de sus sueños sufren la desdicha. No dirán nada a nadie de sus íntimas lágrimas. Una sombra se apostará en su mirada y un rictus sórdido sustituye a su risa.
Ayer, sin ir más lejos, una de estas personas quiso desvelarme el secreto de los amaneceres. Me hice el loco. Se salvó, de momento. Copyright © M. Iglesias