La mayoría de los norteamericanos se pasan la vida mirándose el ombligo. Nos sorprenden que, por ejemplo no sepan señalar en el mapa donde está España y desconozcan, fuera de los tópicos folklóricos, algo sobre nuestras formas de vida. Aparentemente nosotros sabemos más de ellos. El cine y la propaganda vendedora han conseguido en media docenas de generaciones, rellenar también con estereotipos, una destartalada y poco certera visión del tono vital de su sociedad.
También los asuntos de familia, la codicia, la melancólica nostalgia del pasado en la mirada de la directora del periodiquillo local, y sobre toda la fuerza sustentadora y realista de la madre (esplendida June Squibb candidata a altos galardones).
Completa el reparto el inolvidable Stacy Keach y el impagable abogado de Breaking Bad, Bob Odenkirk.
Amigo Paine, o Papadopoulos, estamos de acuerdo contigo; el cine no está muerto. Su vitalidad debe sustentarse, no voy a pedir que a diario, en películas que desde la sencillez de una entrañable y universal historia bien contada, muestren que lo más importante para ello es constar con sensibilidad y... un poco de talento.
Copyright © M. Iglesias-2014
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