4 nov. 2015

¿PASOLINI? ANTE TODO, POETA.


"Es preciso desilusionar. Saltar sobre las brasas como mártires tostados y ridículos


el camino de la verdad también pasa por los más horrendos lugares del esteticismo, de la historia, de la demente reconstrucción erudita"  Progetto di opere future - Poesía in forma di rosa. P.P.P.




2 de Noviembre de 1975 junto a Ostia es asesinado el escritor, director de cine y poeta Pier Paolo Pasolini (ver el interesante suplemento dedicado a su figura en La Lettura del Corriere della Sera).
Yo tenía 22 años, andaba haciendo mis iniciaticos pinitos en la radio e intentaba vehementemente convencer a todo el mundo que su incómodo y provocador cine merecía ser visto, pensado, discutido. Lo recuerdo como una trágica y dolorosa sorpresa, y una pérdida.
Sus películas fueron llegando a España en años sucesivos, tras la eliminación de la censura y la secuelas de una tardocensura.
En una pequeña ciudad de provincias (de cuyo nombre no quiero acordarme) provocó escándalos los estrenos de algunas de sus películas. Proyectadas en ciclos y programas especiales, los atónitos espectadores pedían o buscaban, explicación a las atroces secuencias de Salo, a la interpretación profunda de Teorema, de Porcille, al sentido profundamente religioso de su Vangelo...
Eso en lo estrictamente cinematográfico.

Luego llegaría el descubrimiento del  Pasolini poeta.

De Poesía a Casarsa (1942) hasta La Divina Mimesis 1975, una poesía comprometida; lírica y narrativa. Con un periodo de crisis Poesía in forma di rosa, con momentos de silencio y vacio en los que el cine "lengua escrita de la acción" se prevé como la forma idónea para el ensayo de experimentación, también difícil y hasta peligroso.
Imaginó su muerte, 
"en un paseo de tilos, cuando las hojas cambian de color en primavera...,bajo el ardiente sol, alto y dorado" ( Il giorno della mia morte-La meglio gioventu)

 "Poesía mundana"

21 de junio de 1962
Trabajo todo el día como un monje
y por la noche doy vueltas, como un gato viejo
en busca de amor… Voy a proponer
a la Curia que me hagan santo.
Al engaño, de hecho, respondo
con la mansedumbre. Como miran las imágenes
miro yo a los adictos al linchamiento.
Con el sereno valor de un científico
me observo a mí mismo masacrado. Parece, a veces,
que odio y, sin embargo, escribo
versos llenos de amor preciso.
Estudio la perfidia como un fenómeno
fatal, como si careciera de objeto.
Tengo piedad de los jóvenes fascistas
y para los viejos no dispongo
de otra cosa que la violencia de la razón.
Pasivo como un pájaro que, volando,
Todo lo ve y en su corazón se lleva
al cielo la conciencia
que no perdona.
PPP
“Poesía en forma de rosa”
Traducción de Juan Antonio Méndez
Ed. Visor Colección Poesía – 1983

“Las hermosas banderas”

Los sueños de la mañana:
cuando el sol ya reina
en una madurez
que conoce sólo el vendedor ambulante,
el que ha caminado ya tantas horas por las calles
con una barba de enfermo
sobre las arrugas de su pobre juventud:
cuando el sol reina
en realmes de verdor caliente, en toldos
cansados, en muchedumbres
cuyas ropas conocen oscuramente la miseria
—y centenares de tranvías han ido y venido
por los rieles de las calzadas que ciñen la ciudad,
indeciblemente perfumadas,
los sueños de las diez de la mañana
en el durmiente solitario
como un peregrino en su cubil,
un desconocido cadáver
—aparecen en lúcidos caracteres griegos
y, en la sacralidad simple de dos o tres sílabas,
plenas del blancor del sol triunfante—
adivinan una realidad
madurada en lo hondo, madura ya como el sol,
que puede dar alegría o terror.
¿Qué cosa me dice el sueño matutino?
“Con enormes y lentos oleajes de mieses azules, el mar
se abate, trabajando con furor uterino,
irreductible,
casi feliz —porque da felicidad
el constatar también el acto más atroz del destino—
resquebraja tu isla, ahora
reducida a pocos metros de tierra…”
¡Auxilio, que avanza la soledad!
No importa si sé que la he elegido, como un rey.
En el sueño y en mí un niño mudo se espanta,
clama piedad, se afana corriendo a los refugios
con una agitación
que “la virtud obliga”, pobre criatura.
Lo aterra la idea
de estar solo
como un cadáver en lo hondo de la tierra.
¡Adiós, dignidad en el sueño, aunque sea matutino!
Quien debe llorar llora,
quien debe aferrarse a las faldas de ropas ajenas
se aferra, y tira de ellas, y tira,
para que se vuelvan esas caras color de fango
y lo miren en los ojos aterrorizados
y conozcan así su tragedia
¡para que comprendan lo espantoso de su estado!
La blancura del sol, sobre todo,
como un fantasma que la historia
aprieta sobre los párpados
con el peso de mármoles barrocos o románicos…
Elegí mi soledad.
Por un proceso monstruoso
que quizás podría revelar
sólo un sueño soñado dentro de un sueño…
Mientras tanto, estoy solo,
perdido en el pasado.
(Porque el hombre sólo tiene una época en su vida).
De pronto mis amigos poetas
—que comparten como yo el fiero blancor
de los años Sesenta,
hombres y mujeres, casi todos
de mi misma edad— están allá, en el sol.
Yo siempre he carecido de ingenio
para estar junto a ellos —en la sombra de una vida
que se desenvuelve demasiado apegada
a la desidia radical de mi alma.
La vejez, luego, ha hecho
de mi madre y de mí
dos máscaras
que, por lo demás, nada han perdido
de la ternura matutina
—la antigua representación
se repite
en la autenticidad
que sólo soñando dentro de un sueño
tal vez podría llamar por su nombre.
Todo el mundo es mi cuerpo insepulto.
Atolón desmenuzado
por los golpes de las mieses azules del mar.
¿Qué hacer en la vigilia sino tener dignidad?
Tal vez ha llegado la hora del
exilio: la hora en que un antiguo habría dado realidad
a la realidad
y la soledad madurada a su alrededor
habría tenido la forma de la soledad.
En cambio yo —como en el sueño—
porfío haciéndome ilusiones, penosas,
de lombriz paralizada por fuerzas incomprensibles:
“¡pero no! ¡Pero no! ¡Es sólo un sueño!
¡Afuera está
la realidad, en el sol triunfante,
en las calzadas y los cafés vacíos,
en la afonía suprema de las diez de la mañana,
un día igual a todos los días, con su cruz!”
Mi amigo del mentón pontificio,
mi amigo con ojos cafecitos…
mis queridos amigos del Norte,
aliados por afinidades electivas, dulces como la vida
—están allá, en el sol.
Elsa también, con su rubio dolor;
ella —corcel herido, derribado,
sangrante— allá está.
Y mi madre junto a mí…
pero allende todo límite de tiempo:
somos dos sobrevivientes en uno.
Los suspiros de ella, acá, en la cocina,
sus malestares en cada sombra de noticia degradante,
en toda sospecha de que vuelva a desatarse
el odio de la pandilla de rapaces que se mofan
bajo mi cuarto de agonizante
—no son sino la naturaleza de mi soledad.
Como una mujer acompañando al rey en la hoguera
o sepultada con él
en una tumba que se va, como una barquilla
hacia los milenios, la fe de los años Cincuenta
aquí está, conmigo, un poco más allá de los límites del
tiempo,
también desmoronándose
ante la paciencia furibunda de las azules mieses del mar.
Y…
mis amores de pura sensualidad
repetidos en los valles sagrados de la libídine
sádica, masoquista; los pantalones
con su alforja tibia
donde está señalado el destino de un hombre
—son actos que cumplo solamente
en el mar fastuosamente revuelto.
Despacio, despacio, los millares de gestos sacros,
la mano sobre la hinchazón tibia,
los besos, cada vez a una boca distinta,
siempre más virginal,
siempre más cercana al encanto de la especie,
a la norma que hace de los hijos tiernos padres,
despacio, despacio
han venido convirtiéndose en monumentos de piedra
que por millares se agolpan en mi soledad.
Esperan
que una nueva oleada de racionalidad,
o un sueño soñado en un sueño, allí hable.
Vuelvo a despertarme
una vez más:
y me visto, voy a la mesa de trabajo.
La luz del sol sigue madurando,
lejos andan los vendedores ambulantes;
sigue agriándose la tibieza del verdor en los mercados
del mundo,
por las calzadas de indecible perfume,
en las orillas de los mares, al pie de los volcanes.
Todo mundo está en el trabajo, en su época futura.
Pero aquel algo “blanco”
que en letras griegas
me presentó el sueño conocedor, irrevocable
sigue encima de mí —vestido,
en la mesa de trabajo.
Mármol, cera o cal
en los párpados, en los ángulos de los ojos:
el blancor del sol en el sueño, gozosamente
románico, perdidamente barroco.
De ese blancor fue el sol verdadero,
de ese blancor fueron los muros de las fábricas,
de ese blancor
fue el mismo polvo (en las tardes secas, cuando
el día anterior lloviznó un poco),
de ese blancor fueron los harapos de lana,
las chamarritas pardas y los pantalones deshilachados
de los obreros
que hubieran podido ser aún camaradas:
de ese blancor
fue el bochorno de la nueva primavera,
oprimida por el recuerdo de otras primaveras
sepultadas por siglos
en esos mismos pueblos y suburbios
—y listas ¡oh Dios!
listas para renacer
en esas tapias, en esos caminos.
En esas tapias, en esos caminos,
impregnados de extraño perfume,
en la tibieza donde florecían, rojos,
manzanos y cerezos: y su color rojo
era oscuro, como hundido
en un aire de caliente temporal,
un rojo casi marrón, cerezas como ciruelas,
manzanas como prunas, atisbando
entre las brumas, intensas
tramas del follaje calmo, como si la primavera
no tuviera prisa
y gozará en esa tibieza en que alentaba el mundo,
ardiendo, en la vieja esperanza, por una esperanza
nueva.
Y, por encima de todo, el flamear,
el humilde y perezoso flamear
de las banderas rojas. ¡Dios, las hermosas banderas
de los años Cuarenta!
¡Flameando una sobre, otra, en una multitud
de telas pobres, empurpuradas de un rojo verdadero
transparentando la brillante miseria
de los harapos de seda, de los bordados de las familias
obreras
—y con el fuego de las cerezas, de las manzanas,
violáceo
por la humedad, sanguíneo por un poco de sol que lo
hería,
ardiente rojo aglomerado y tembloroso
en la heroica ternura de una estación inmortal!
Pier Paolo Pasolini
De: “Poesía en forma de rosa” – 1962
Traducción de Guillermo Fernández
Dulzura de la imagen materna, los olorosos campos de Friuli(lugar de origen de su madre) el amor religioso a la naturaleza. 
Primer lenguaje del hombre; la acción. La lengua escrito-hablada no es más que una integración, un instrumento de esa acción.
V. Fantuzzi, autor del libro Pier Paolo Pasolini, aquí citado.

"Se ha dicho, al hablar de la poesía de Pasolini, que representa el maridaje entre los temas del decadentismo europeo y la utopía socialista. Pero esta misma poesía puede ser leída como una continua, exasperada búsqueda de amor(...) Pero ¡qué otra cosa es un poeta moderno sino un hombre insatisfecho que sabe dar voz a sus desilusiones más hondas, sublimar sus penas íntimas hasta casi convertirlas en un canto del mundo?" Virgilio Fantuzzi- Pier Paolo Pasolini -Editorial Mensajero 1978.
"Muy pronto nosotros también dulce superviviente nos perderemos bajo este fresco pedazo de tierra. Nos cubrira un silencio difícil y pobre, un doloroso sueño que no trae la dulzura y la paz, sino nostalgia y reproche. Tú darás la pureza el único juicio que nos queda, y es tremendo y dulce: el que no haya nunca desesperación sin algo de esperanza" (Appendice alla Religione: una luce-La religione del mio tempo PPP)

"El autor cinematográfico no posee un diccionario, sino una infinita posibilidad: no toma sus signos del depósito, del arca, del bagaje (diccionario) sino del caos, donde no hay más que meras posibilidades o sombras de comunicación mecánica y onírica" (Empirismo eretico-cinema de poesía)

Otra entrada dedicada a su importante aportación a la Historia del Cine queda comprometida en un futuro, como no puede ser de otra manera. 
Ahora, al cumplirse cuarenta años de su asesinato, dejamos dominando la idea del título de nuestra cabecera ...ANTE TODO, POETA



Notaciones bibliográficas
Poesía de P.P. Pasolini
La meglio gioventú 1954
Le ceneri di Gramsci 1957
L´usignolo della Chiesa Cattolica 1958
La religione del mio tempo 1961
Poesía in forma di rosa 1964
Trasumanar e organizzar 1971
Calderón 1973
La nuova gioventú 1975

Recomendar
Pier Paolo Pasolini de Virgilio Fantuzzi (ediciones Mensajero)
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