30 oct. 2014

MITO RELATO 88,- E.R.E. CELESTIAL









A los Profetas los despidió primero.
Fue sencillo: constituían un  cuerpo soberbio y arrogante, a la par que, por su palabrería ambigua y enloquecida, un cuerpo celeste a todas luces inútil . 
Con los Ángeles tuvo más problemas,  instalados como estaban en unas jerarquías con un poder casi ilimitado.
 Sus nueve Coros, ¡ nada menos ! Los aduladores Serafines, cercanos e influyentes, músicos selectos, bellos, únicos. Los Querubines dirigidos por un tal Gabriel,  siempre intercediendo. 
Se ha de tener cuidado en el orden de aplicación del ERE CELESTIAL. Todos los implicados son muy suceptibles, muy tiquis miquis. 
Las Dominaciones, con su rayo verde, tienen un representante, Rafael de mucho prestigio dialéctico, uno de los mejor vestidos. 
Las Virtudes, pequeñas, sí, pero  potencialmente valiosas. Los Poderes y Potestades, verdadero cuerpo militar de élite. Les llegó el turno de la liquidación a los Principados, con su mega estrella Uriel , siempre retorcido e influyente. 
De todos los Coros Celestiales, los Arcángeles superluminosos, correveidiles y muy lame culos, fueron los que llegaron a pensar que quedarían al margen de la escabechina divina. Hicieron una contra propuesta. La firmaron Miguel, Jofiel, Chamuel, Rafael, Urfiel, Zadquiel. Llegaron, con una inusitada osadía, a  proponer un nuevo Reglamento Celestial, un nuevo orden que permitiera su continuidad. Pero el todopoderoso lo tenía muy claro; LIQUIDACIÓN TOTAL POR CESE DE NEGOCIO.
Un batallón de mortales y vulgares grafiteros, elegidos por sorteo, se encargarán de hacer llegar a los humanos su divina voluntad.
 Las bellas metáforas antiguas han desaparecido de los comunicados. Lo poético ha dejado su sitio a lo explicito.




© M.Iglesias  texto y foto

2 comentarios:

Trecce dijo...

Lo que nunca he tenido claro son los méritos de los señores consejeros, tanto los seráficos, como los que se sientas en los consejos de las empresas.

MANUEL IGLESIAS dijo...

Trecce; El todopoderoso los es tanto en cuanto tenga adláteres, aduladores, compinches que acrecientan ese poder. Eliminarlos y aligerar los mandamientos, como en el caso del relato con un simple mensaje en un muro, muestra su inutilidad y desenmascara al demiurgo.

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