3 jun. 2009

La niña sanabresa

Tiene frías sus manitas. Las tiene metidas entre el jersey. Mira al fotógrafo asustada, atónita. Esta futura mujer guardará para siempre el terror de una noche de Enero. Sus botas katiuskas, que parecen un regalo de algún gerifalte, pisan sobre la desolación y el lodo, la tristeza y lo incierto. Sin embargo, aunque tenga su propia vida, ya trazada, incluso vivida, quiero imaginar que esta niña fue feliz alejándose cada noche de la noche trágica. Ya mujer marchó lejos, se enamoró. Usó en todos sus invierno suaves guantes que le hicieron olvidar para siempre aquellos enternecedores sabañones.

1 comentario:

El Traste Nº 27 dijo...

¡¡Al fin alguien que escribe "Katiuskas" y no "Cachuscas"!!

Genial como siempre.

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