20 abr. 2012

Reediciones janobriguenses. MITO RELATO 26.- Lola y el murciélago


Lola reparte sus silencios entre siestas. Acurrucada nos mira ir y venir. Aplica un maullido finísimo y selectivo, aristogático y melindroso para hacernos saber que distingue a cada miembro familiar. No es el mismo para los cuatro. Esta siamesa asentada, burguesa y ciclicamente perturbada por su naturaleza, hace unas noches, se asomó a un alféizar que da a un patio interior. En esa incipiente oscuridad de crepúsculos largos un par de murciélagos empezaron sus acrobáticas risas. No pudo resistirse. Se lanzó al infinito. Fue un instante de locura, supongo que de felicidad. No consiguió cazar ratón alado alguno. Gozó de ese instante de gloria que surge del instinto . La realidad con Lola no fue dura. Es verano. En esta época el vecino del patio tiende un toldo. Gracias al parapeto Lola deja su casillero de consumo de vidas casi intacto. Ahora su maullido lastimoso tiene varios significados; apresar solo aire, por el susto llevado, algún daño colateral en la caída o puede, cosas de humanos, por ser la lástima de un vuelo tan breve.
(C) M. Iglesias/y foto

1 comentario:

El Traste Nº 27 dijo...
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